CONOCIMIENTO Y OBEDIENCIA DE LAS LEYES DE LA SALUD

10.05.2021

Somos hechura de Dios y su Palabra declara que somos "asombrosa y maravillosamente" formados. Ha preparado esta habitación viviente para la mente; la ha "entretejido maestramente" como un templo que el Señor mismo ha preparado para la morada de su Espíritu Santo. La mente rige a todo el hombre.

Maravillas del cuerpo humano. 

Todos nuestros hechos, buenos o malos, tienen su origen en la mente. Es ella la que adora a Dios y nos une con los seres celestiales. Sin embargo, muchos pasan toda su vida sin adquirir inteligencia en cuanto al estuche [el cuerpo humano] que contiene este tesoro. 

Todos los órganos físicos son los siervos de la mente y los nervios los mensajeros que transmiten sus órdenes a cada parte del cuerpo guiando los movimientos de la maquinaria viviente.

Al estudiarse el mecanismo del cuerpo, se debería dirigir la atención a su maravillosa adaptación de los medios al fin, a la armoniosa acción y dependencia de los diferentes órganos. Una vez que se ha despertado el interés del estudiante y se le ha hecho ver la importancia de la cultura física, el maestro puede hacer mucho para obtener el debido desarrollo y hábitos correctos.

Ha de preservarse la salud. 

Puesto que la mente y el alma hallan expresión por medio del cuerpo, tanto el vigor mental como el espiritual dependen en gran parte de la fuerza y la actividad físicas; todo lo que promueva la salud física, promueve el desarrollo de una mente fuerte y un carácter equilibrado. Sin salud, nadie puede comprender distintamente ni cumplir completamente sus obligaciones para consigo mismo, con sus semejantes o con su Creador. Debiera cuidarse por lo tanto tan fielmente la salud como el carácter. El conocimiento de la fisiología y de la higiene debería ser la base de todo esfuerzo educativo.

Muchos no están dispuestos a estudiar las leyes de la salud. 

Muchos no están dispuestos a realizar un esfuerzo necesario para obtener un conocimiento de las leyes de la vida y de los medios sencillos que se deben emplear para la restauración de la salud. No se colocan en la debida relación con la vida. Cuando la enfermedad es el resultado de su transgresión de las leyes naturales, no procuran corregir sus errores y luego piden la bendición de Dios.

Debiéramos educarnos no sólo para vivir en armonía con las leyes de la salud, sino para enseñar a otros el camino mejor. Muchos, aun entre los que profesan creer las verdades especiales para este tiempo, están en una ignorancia lamentable respecto a la salud y a la temperancia. Necesitan ser educados, línea sobre línea, precepto sobre precepto. El tema debe ser mantenido fresco delante de ellos. Este asunto no debe ser pasado por alto como no esencial, pues casi cada familia necesita ser alertada en cuanto a esta cuestión. Debe despertarse la conciencia al deber de practicar los principios de la verdadera reforma.

Se debería prestar mucho mayor atención de la que comúnmente se concede a los principios de higiene que se aplican al régimen alimentario, al ejercicio, al cuidado de los niños, al tratamiento de los enfermos, y a muchos asuntos semejantes.

Estudiar medidas preventivas. 

Poca, muy poca consideración se da a las causas que determinan la mortandad, la enfermedad y la degeneración, que existe hoy aun en los países más civilizados y favorecidos. La raza humana está decayendo. . . . La mayor parte de los males que acarrean miseria y ruina a la raza humana podrían evitarse, y el poder de luchar contra ellos descansa en sumo grado en los padres.

Enseñad a los niños a razonar de causa a efecto. 

Enseñad a vuestros hijos a razonar de causa a efecto. Mostradles que si violan las leyes de su ser, tendrán que pagar la penalidad en sufrimientos. Si no podéis ver progresos tan rápidos como deseáis, no los desalentéis, sino instruidlos pacientemente y seguid adelante hasta ganar la victoria.

Los que estudian y practican los principios del sano vivir, recibirán grandes bendiciones tanto física como espiritualmente. El comprender la filosofía de la salud es una salvaguardia contra muchos de los males que van de continuo en aumento.

Haced que la instrucción sea progresiva

Mediante lecciones sencillas y fáciles se deberían enseñar desde sus primeros años a los niños los rudimentos de la fisiología y la higiene. Esta obra debería empezar por la madre en el hogar y continuar fielmente en la escuela. A medida que la edad de los alumnos aumenta, se debería seguir instruyéndolos en este ramo, hasta que estén capacitados para cuidar de la casa en la cual viven. Deberían comprender la importancia que tiene el evitar las enfermedades mediante el mantenimiento del vigor de cada órgano, y también se les debería enseñar cómo deben desempeñarse en caso de enfermedades comunes y de accidentes.

No es suficiente el conocimiento de los hechos

El estudiante de fisiología debería aprender que el objeto de su estudio no es meramente la obtención de un concocimiento de hechos y principios. Este sólo daría poco beneficio. Puede ser que tener aire puro, pero a menos que llene debidamente sus pulmones, sufrirá los resultados de una respiración imperfecta. Debe comprenderse, pues, la necesidad de la limpieza, y proveerse las facilidades necesarias, pero todo será inútil a menos que sea puesto en práctica. El gran requisito en la enseñanza de estos principios, es impresionar al alumno con su importancia, de modo que los ponga escrupulosamente en práctica.

Es necesario un conocimiento de las leyes de la naturaleza

En el estudio de la fisiología, no se incluyen por lo general algunos asuntos que deberían considerarse, asuntos que son de mayor valor para el estudiante que muchos de los detalles tecnicos comúnmente enseñados bajo ese titulo. Como principio fundamental de toda la educación correspondiente a este ramo, se debería enseñar a los jóvenes que las leyes de la naturaleza son las leyes de Dios, tan ciertamente divinas como los preceptos del Decálogo. Dios ha escrito en cada nervio, músculo y fibra del cuerpo las leyes que gobiernan nuestro organismo. Toda violación descuidada o premeditada de estas leyes es un pecado contra nuestro Creador. ¡Cuán necesario es, pues, que se imparta un conocimiento completo de estas leyes!

Regularidad al comer y dormir

No se deberia pasar por alto la importancia de la regularidad de las horas para comer y dormir. Puesto que la obra de reparar el cuerpo se efectúa durante las horas de descanso, es esencial, especialmente para los jóvenes. que el sueño sea metódico y abundante.

Al regular las horas de sueño, no deben dejarse las cosas libradas al azar. Los estudiantes no deben adquirir el hábito de estudiar a medianoche y dedicar las horas del día para dormir. Si se han acostumbrado a hacer esto en casa, deben corregirse yendo a la cama a una hora razonable. Se levantarán entonces por la mañana, refrigerados para los deberes del día.

Insístase en correctos hábitos de salud

Debe insistirse en los debidos hábitos respecto al comer, al beber y al vestir. Los malos hábitos hacen a los jóvenes menos susceptibles a la instrucción bíblica. Los niños deben ser protegidos contra la complacencia del apetito, y especialmente contra el uso de estimulantes y narcóticos. Las mesas de los padres cristianos no deben cargarse con alimentos que contengan condimentos y especias.

No hemos de consentir en ningún hábito que debilite la fortaleza física y mental o deteriore nuestras facultades en alguna forma. Hemos de hacer todo lo que podemos para preservar la salud, a fin de que podamos tener dulzura de carácter, claridad mental y podamos distinguir entre lo sagrado y lo común y honrar a Dios en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu que son suyos.

La importancia de la postura correcta

Entre las primeras cosas que se debería tratar de lograr, figura la postura correcta, tanto cuando se está sentado como de pie. Dios hizo al hombre erguido y desea que posea no sólo beneficio físico, sino mental y moral; la gracia, la dignidad, el aplomo, el valor y la confianza en sí mismo que tiende a producir un porte erguido. Enseñe esto el maestro por precepto y por ejemplo. Muéstrese en qué consiste una postura erguida e insístase en que se mantenga.

La respiración y la cultura vocal

Siguen en importancia a la postura correcta la respiración y la cultura vocal. Es más probable que respire correctamente aquel que se mantiene erguido cuando está sentado o de pie. Pero el maestro debería inculcar en los alumnos la importancia de la respiración profunda. Muéstrese cómo la acción sana de los órganos respiratorios, que ayuda a la circulación de la sangre, vigoriza todo el organismo, excita el apetito, promueve la digestión, produce un sueño sano y dulce y de ese modo no sólo hace descansar el cuerpo, sino que calma y suaviza la mente. Al mismo tiempo que se muestra la importancia de la respiración profunda, debería insistirse en que se la practique. Háganse ejercicios que la provoquen y al mismo tiempo trátese de formar el hábito.

La cultura de la voz tiene una parte importante en la cultura física, puesto que tiende a dilatar y fortalecer los pulmones, y así aleja la enfermedad. Para conseguir una fonación correcta tanto en la lectura como en la conversación, cuídese de que los músculos abdominales tengan libertad de movimientos al respirar y que los órganos respiratorios no estén oprimidos. La tensión debería recaer sobre los músculos del abdomen más bien que sobre los de la garganta. De ese modo se evitará un gran cansancio y una grave enfermedad a la garganta. Debe darse cuidadosa atención al logro de una articulación distinta, tonos suaves y bien modulados y una pronunciación no muy rápida. Esto no sólo estimulará la salud sino que contribuirá en gran medida a que sea más agradable y eficaz el trabajo del estudiante.

Tres factores esenciales para la felicidad de la familia

En el estudio de la higiene, el maestro atento aprovechará toda oportunidad para mostrar la necesidad de una perfecta limpieza, tanto de las costumbres personales como del ambiente en que uno vive. Debería darse énfasis al valor del baño diario como estimulante para la salud y la acción mental. También debería prestarse atención a la luz solar y a la ventilación, a la higiene del dormitorio y de la cocina. Enséñese a los alumnos que un dormitorio que reúna todas las condiciones higiénicas, una cocina limpia y una mesa arreglada con gusto y saludablemente provista lograrán más para la obtención de la felicidad de la familia y la consideración de cualquier visitante sensato, que cualquier conjunto de muebles costosos que adornen la sala. No es menos necesaria ahora que cuando fue enseñada hace mil ochocientos años, por el Maestro divino, la lección: "La vida más es que la comida, y el cuerpo que el vestido".

Procurad comprender los remedios de la naturaleza

El aire puro, el sol, la abstinencia, el descanso, el ejercicio, un régimen alimentario conveniente, el agua y la confianza en el poder divino son los verdaderos remedios. Todos debieran conocer los agentes que la naturaleza provee como remedios, y saber aplicarlos. Es de suma importancia darse cuenta exacta de los principios implicados en el tratamiento de los enfermos, y recibir una instrucción práctica que le habilite a uno para hacer uso correcto de estos conocimientos.

El empleo de los remedios naturales requiere más cuidados y esfuerzos de lo que muchos quieren prestar. El proceso natural de curación y reconstitución es gradual y les parece lento a los impacientes. El renunciar a la satisfacción dañina de los apetitos impone sacrificios. Pero al fin se verá que, si no se le pone trabas, la naturaleza desempeña su obra con acierto y los que perseveren en la obediencia a sus leyes encontrarán recompensa en la salud del cuerpo y del espíritu.

Un código abarcante

En lo que atañe a lo que podemos hacer por nosotros mismos, hay un punto que requiere cuidadosa y meditada consideración. Debo conocerme a mí mismo. Siempre debo aprender la forma de cuidar de este edificio, el cuerpo que Dios me ha dado, para que pueda preservarlo en la mejor condición de salud. Debo comer aquellas cosas que serán para mi mejor bien físico, y debo cuidar especialmente mi ropa de modo que favorezca una saludable circulación de la sangre. No debo privarme del ejercicio y del aire. Debo recibir toda la luz solar que me sea posible. Debo tener sabiduría para ser un fiel guardián de mi cuerpo.

Haría una insensatez muy grande si entrara en una habitación fría habiendo transpirado; sería un mayordomo insensato si me sentara en una corriente de aire, y así me expusiera a resfriarme. Sería insensato si me sentara con los pies y los miembros fríos y así congestionara el cerebro y los otros órganos internos con la sangre de las extremidades. Siempre debiera proteger mis pies en tiempo húmedo. Debiera comer regularmente de los alimentos más saludables que me proporcionarán la mejor calidad de sangre, y no debiera trabajar con intemperancia, si es que puedo evitarlo. Y cuando viole las leyes que Dios ha establecido en mi ser, debo arrepentirme y reformarme, y colocarme en la condición más favorable bajo el cuidado de los médicos que Dios ha provisto: el aire puro, el agua pura y la preciosa y curativa luz solar.

Somos individualmente responsables ante Dios

Nuestro cuerpo es propiedad de Cristo, comprada por él mismo, y no es lícito hacer de ese cuerpo lo que nos plazca. Cuantos entienden las leyes de la salud. implantadas en ellos por Dios, deben sentirse obligados a obedecerlas. La obediencia a las leyes de la higiene es una obligación personal. A nosotros mismos nos toca sufrir las consecuencias de la violación de esas leyes. Cada cual tendrá que responder ante Dios por sus hábitos y prácticas. Por tanto. la pregunta que nos incumbe no es: "¿Cuál es la costumbre del mundo?" sino "¿Cómo debo conservar la habitación que Dios me dio?"

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* Por Elena G. de White, La Conducción del Niño, págs. 338- 345.